Otto Granados: La vida de los exgobernadores

Fuente Radio Grupo
Este año dejarán el poder nueve gobernadores, y el próximo lo harán doce más; en total 21 políticos que por seis años disfrutaron de un poder casi absoluto, hicieron en muchos casos lo que quisieron y se acostumbraron en medio de una liturgia frecuentemente excesiva. Y algunos de ellos o muchos quizá pensaron que todo eso era para siempre. Pero un buen día se acaban estos tiempos y la mayoría se ve tentando tras su salida a seguir influyendo a buscar la protección y la valoración de su legado, tener cierto blindaje personal, ya sea de eventualmente política desde la periferia.
Mientras que se dan cuenta de que es la política la que los abandona, van descubriendo que hay que reinventarse, algunos lo hacen bien y con fortuna y otros caen en el más profundo desamparo o incluso en el desprecio. Ahora mis por da un ejemplo, una cifra, hay al menos tres o cuatro ex gobernadores perseguidos por la justicia en México o en Estados Unidos.
Hay por lo menos dos cosas llamativas en este fenómeno de los ex, una es saber si en la intimidad pensaron lo que significa desempeñar ese cargo y la otra es cómo y en qué reciclarse después de que terminan, particularmente si tienen todavía muchos años de vida por delante. Por ejemplo cuando un ex –ya sea gobernador o ex presidente- enfrenta el balance de su gobierno y se entera de que su gestión no hizo diferencia alguna, que los pobres son iguales, o más pobres y su distancia con los ricos sigue siendo abismal, que la violencia no disminuyó o que en su gobierno la corrupción se hizo cónica y extendida; la pregunta más obvia es si experimenta un sentimiento o hace algún examen de conciencia que se traduzca en algo, en una acción, en una disculpa o en perdón.
No se trata desde luego de una llamada divina para asumir el sentimiento de culpa, la curiosidad va más bien por el lado de saber, si quienes ocupan esos cargos, se hacen alguna vez preguntas de este tipo.
La otra cuestión tiene que ver con esa especie de tierra incógnita, que es la vida después del poder. En los últimos años los ex presidentes de muchos países han constituido un colectivo extraño pero interesante, Jimmy Carter por ejemplo obtuvo sus mayores éxitos políticos después de su presidencia, ganó un premio Novel, se convirtió en una especie de gurú de las elecciones limpias en países emergentes, y fundó un influyente centro de estudios en Atlanta; desde que salió de la casa Blanca en 2001por dar otro ejemplo Bill Clinton ha dado unos 550 discursos y conferencias por los cuales ha hecho casi 105 mdp, por sus memorias le dieron 15 millones de adelanto y se calcula que ha ganado más del doble por las ventas.
Fernando Enrique Cardoso, ex presidente del Brasil que hoy tiene 83 años, ganó un prestigioso premio en Estados Unidos que le otorga la biblioteca del Congreso, pero no por su presidencia, sino por su contribuciones académicas como sociólogo, y como economista y así otros casos.
Hay un segundo grupo que son aquellos como los atrapas, árabes, africanos, o de la antigua Europa del Este, que viven a salto de mata, con el profundo terror de acabar humillados y acaso ensangrentados. Todos recordamos la foto de Kadafi que es el mejor ejemplo.
Y el ultimo colectivo, grupo, lo forman aquellos que no supieron hacer otra cosa, desaparecieron del mapa público, se recluyen en sus casas a rumiar la amargura de no tener poder y padecer el abandono de los amigos, las ingratitudes ante una agenda vacía y un teléfono que ya no suenan, son los que ya ni rencores suscitan y cada cual a su manera va muriendo poco a poco.
En el caso de México las historias han sido distintas entre otras cosas porque los vicios de la política mexicana, los excesos del presidencialismo, y por su puesto las responsabilidades de cada quien generaron una cultura cívica donde con independencia de la valoración histórica de sus mandatos, los ex presidentes sencillamente no tienen cabida casi en ningún lado, y caen en una especie de confinamiento. Por lo tanto la pregunta que hay que hacerse es ¿qué hacer con los ex presidente? Desde el punto de vista histórico, seguramente serán los historiadores los que evalúen sus gestiones y desde el punto de vista legal, si existieran responsabilidades pues son las leyes, los tribunales los que tienen la última palabra. Pero un sistema democrático más o menos civilizados los ex presidentes tienen o debieran tener en lo político y personal el derecho de conducirse como les parezca, otra cosa es que lo quieran hacer o que lo hagan y eso depende de cada quien.
Hay que aprender digo yo, a volver a vivir como ciudadano de a pie, a hacer la cola en el banco, ir al súper, comprar lo de la casa, manejar el auto, reunirse con amigos, en fin; asumir que todavía hay mucho qué ver, mucho que hacer y mucho que aprender, especialmente fuera de la política.
Como una vez me dijo un profesor canadiense: la vida política puede terminar en cualquier momento, así que debes asegurarte que tienes una vida con anterioridad y estar preparado para seguir con una nueva después de ella. Así de simple.