Broncearse puede convertirse en una adicción

Aunque los dermatólogos siempre indican, hasta el cansancio, que es necesario salir con protector solar a toda hora y todo el tiempo y que no es recomendable echarse a tomar sol, hay gente que no solo desatiende esas recomendaciones sino que se excede hasta convertir el bronceado en una obsesión, y cuando eso ocurre en forma patológica estamos frente a un caso de tanorexia.

Los especialistas aseguran que la incidencia de la adicción ha aumentado en los últimos años y a pesar de que, por norma general, es más frecuente en mujeres, se ha detectado un incremento entre los adolescentes de 14 y 15 años de ambos sexos. Cuando se toma el sol, en el cerebro se generan endorfinas, neurotransmisores opioides producidos en el sistema nervioso central, que generan sensación de placer, parecidos a los estimulados en los fumadores, de allí que algunas personas sientan tanto placer cuando toman sol.



José Carlos Moreno, de la Academia Española de Dermatología y Venereología, no duda en hablar de adicción. Es gente “que está obsesionada con tener su piel bronceada y por mucho que se broncee no está satisfecha, como las chicas o los chicos que tienen anorexia y siempre se ven gordos”, explica.

Su perfil: principalmente mujeres y menores de 40 años, que se exponen a los rayos más de dos veces por semana, hasta el punto de adquirir un color chocolate o excesivamente naranja.

Las cabinas de bronceado surgieron en los años ochenta en Estados Unidos y los investigadores norteamericanos fueron los primeros en abordar esta adicción, bautizada como ‘tanorexia’, en el año 2000.

Deseo de broncearse al despertar, necesidad de “dosis” crecientes, ansiedad al parar, culpabilidad, ultrasensibilidad a los comentarios de los demás: estos síntomas son similares a los de la adicción a la heroína, señala Joel Hillhouse, investigador en la Universidad de East Tennessee.

Totalmente dependientes, algunas personas “siguen utilizando las cabinas pese a tener un cáncer de piel, roban dinero a sus allegados o se compran camas de rayos UV para broncear cuando se despiertan en mitad de la noche”, explica.

“Una de las razones que los lleva a broncearse es cómo se sienten”, asegura Steve Feldman, dermatólogo de la Universidad Wake Forest de Carolina del Sur.

Los rayos UV, procedentes del sol o de una lámpara estimulan la producción de melanina, el pigmento que colorea la piel, y este fenómeno libera endorfinas, hormonas similares a la morfina que producen una sensación de bienestar e inhiben el dolor.

A esto se agrega la presión social: las top models de piel color caramelo, los futbolistas ricos, guapos y bronceados como el astro del Real Madrid Cristiano Ronaldo, son figuras que los jóvenes quieren imitar.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) clasificó en 2012 los aparatos de rayos UV como cancerígenos. Brasil fue el primer país que los prohibió por completo en 2009, seguido por Australia.

Este último país tiene la mayor tasa de melanoma -el cáncer de piel más agresivo- del mundo, con 11.000 casos por año. Pero la enfermedad tiende a estabilizarse entre la población menor de 45 años gracias a “las campañas públicas de sensibilización y a una mayor toma de conciencia”, celebra Vanessa Rock, del comité australiano de lucha contra este cáncer.

En España, donde se diagnostican 3.600 casos de melanoma al año, “hay cada vez más cabinas de bronceado, bien como centro específico, bien como un servicio complementario en centros de belleza o gimnasios”, alerta el doctor Moreno. Pero la población está consultando al médico cada vez con más antelación gracias a las campañas de información, agrega el especialista.

No existen todavía tratamientos específicos para los tanoréxicos. En Estados Unidos, los investigadores sugieren la creación de grupos de apoyo, similares a los de los Alcohólicos Anónimos, e intentar sustituir el bronceado por alternativas relajantes como el masaje o el yoga.

Moreno querría una advertencia explícita en los centros de UV, “como en los paquetes de tabaco donde pone claramente que puedes acabar teniendo enfermedades como consecuencia”.

Percepción errónea del patrón de belleza
“Hay una interiorización errónea de los modelos imperantes en occidente que atribuyen a la delgadez, la simetría corporal y el bronceado de piel unos elevados valores de éxito personal, estatus social y poder económico que no se corresponden con la cotidianidad”, explica el doctor Augusto Zafra, director de la Unidad de Desintoxicación hospitalaria del Hospital Nisa.

Asimismo, también encuentra similitudes con las adicciones químicas y las conductas repetitivas de adicciones comportamentales –como la ludopatía, la adicción a las nuevas tecnologías o la compra compulsiva–, en cuyos inicios se estimulan los circuitos cerebrales del placer mediante la secreción de endorfinas, y más tarde emergen los fenómenos de dependencia y abstinencia.

Una de las curiosidades de la tanorexia es que rara vez se manifiesta de forma aislada, suele aparecer asociada a otros trastornos, principalmente al obsesivo compulsivo (TOC) –la repetición de un determinado comportamiento para mitigar la ansiedad que provoca su ausencia. Según las fuentes consultadas de la Clínica Can Roselló, aproximadamente 1% de la población sufre tanorexia, aunque no hay unos estudios muy firmes en los que apoyarse para extraer conclusiones representativas. Lo padecen más las mujeres – 65% del total de casos–, y de edades comprendidas entre los 25 y 30 años.

Este trastorno suele diagnosticarse tras la detección de problemas dermatológicos. Entonces se procede al ingreso del paciente para controlar el cambio de hábitos, conducta e impulsos. Posteriormente un equipo multidisciplinario se encarga de desarrollar el tratamiento, que requiere de un abordaje terapéutico con psicoterapia reglada y otro psicofarmacológico, ya que a menudo es necesario tratar síntomas de ansiedad y depresión.

En el otro extremo de la obsesión solar aparece un trastorno menos conocido: la tanofobia, descrita como la aversión a todos los efectos perjudiciales del sol hasta el punto que llega a afectar la salud de quien la padece.

El sol, manejado de forma adecuada, reporta componentes –como la Vitamina D– necesarios para el correcto funcionamiento del organismo y la prevención de enfermedades. Esta vitamina está implicada en el cáncer de colon, la diabetes, el asma o la demencia.

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