Cómo controlar los gritos de tus niños

El enojo no es buen consejero, por eso nunca puedes dejarte ganar de este cuando estás a punto de corregir a tus niños. Piensa que es preferible un silencio largo que lleve a una solución armónica, y no una bofetada en caliente que fracture para siempre la confianza y la relación tuya con tu hijo.

Utilizar los gritos de forma repetida lo único que consigue es mantener al niño en un estado de estrés y de nerviosismo, completamente perjudicial para su desarrollo.

Saber qué hacer cuando se pierde la paciencia con los hijos no es sencillo, pero se puede lograr poniendo en práctica alternativas que están más orientadas hacia la disciplina positiva. Aquí te explicamos algunas de ellas.

Gritar multiplica la agresividad
En muchas ocasiones los padres se preguntan por qué sus niños son tan agresivos y por lo general la respuesta la tienen en ellos mismos. Con frecuencia los padres les gritan de forma constante. Cuando los niños muestren agresividad no es apropiado igualarse con ellos, sino ayudarles a que se calmen.

Contar hasta diez
Esta es una buena alternativa para saber qué hacer cuando se pierde la paciencia con los hijos, pues cuando haya terminado de contar, el adulto tendrá la calma y la tranquilidad para corregir y tomar decisiones apropiadas. Después de haber contado hasta 10, se tendrá la oportunidad de escuchar al niño, conocer sus razones y proceder a tomar medidas apropiadas y justas.

Bajar la voz calma
Por mucho que parezca increíble, susurrarles o hablarle a los niños en voz baja, los puede desconcertar y lejos de sacarlos de casillas, los ayudará a que se motiven a prestar atención. La próxima vez que tu hijo haga algo que merezca una reprimenda, intenta verlo desde su punto de vista. Arrodíllate junto a él, haz contacto visual y usa tu mejor voz baja. Verás un rostro menos temeroso y más abierto a contarte por qué lo hizo.

Disciplina positiva
Para conseguir que tu hijo te obedezca, lo más adecuado es motivarlo y reforzar con elogios todo aquello que hace bien, corregir con el diálogo todo lo que hace mal y enseñarle siempre cuál es la forma correcta de hacerlo. Esta disciplina ayuda a los niños a sentirse valorados, tener respeto por sí mismos y los demás, ser responsables y gozar de una estructura mental positiva.

Normas para todos
La permisividad y la pasividad tan poco son buenos ayudantes. El mejor es el estilo para corregir a los hijos es el parental democrático, en el que se establecen normas claras y se cumplen. Las normas no sólo son para los hijos, los padres también pueden acatarlas para enseñar con el ejemplo. Por lo cual por ningún motivo deben dejar que sus hijos vean que pierden el control ante el mal comportamiento.

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