El daño que provoca la Codicia

El daño que provoca la Codicia

La codicia es la raíz de todos los males, es la causa principal de la corrupción y fuente de envidias, pleitos y recelos, señaló el obispo José María de la Torre Martín, quien agregó que el dinero puede llegar a dominarnos hasta convertirse en un ídolo tiránico, en lugar de ser un instrumento a nuestro servicio para hacer el bien y ejercer la solidaridad con los demás; “el dinero puede someternos, a nosotros y a todo el mundo, a una lógica egoísta que no deja lugar al amor e impide la paz”.
Indicó que para el hombre corrompido por el amor a las riquezas, no existe otra cosa que el propio yo, y por eso las personas que están a su alrededor no merecen su atención. El fruto del apego al dinero es una especie de ceguera: el rico no ve al pobre hambriento, llagado y postrado en su humillación.
Ayer, al iniciarse la Cuaresma, el pastor impuso la ceniza a los fieles, en la misa de las 9:00 horas en Catedral, donde les recordó que polvo son y en polvo se convertirán; asimismo, les pidió convertirse y creer en el Evangelio.
Refirió que la justa relación con las personas consiste en reconocer con gratitud su valor; incluso el pobre en la puerta del rico, no es una carga molesta, sino una llamada a convertirse y a cambiar de vida.
“La Cuaresma es un tiempo propicio para abrir la puerta a cualquier necesitado y reconocer en él o en ella el rostro de Cristo. Cada uno de nosotros los encontramos en nuestro camino; cada vida que encontramos es un don y merece acogida, respeto y amor”.
Reiteró que la forma patente de la corrupción por el pecado, se realiza en tres momentos sucesivos: el amor al dinero, la vanidad y la soberbia.
Aclaró que la Cuaresma es un nuevo comienzo, un camino que nos lleva a un destino seguro: la Pascua de Resurrección; “es tiempo propicio para intensificar la vida del espíritu a través de los medios santos que la Iglesia nos ofrece: el ayuno, la oración y la limosna; este tiempo nos invita a escuchar y a meditar con mayor frecuencia”.
Para alcanzar la verdadera felicidad y la vida eterna, es necesaria una sincera conversión; sentir ese compromiso, y no decirlo de dientes para afuera, agregó.
La liturgia del Miércoles de Ceniza nos invita a reflexionar; el sacerdote, mientras impone la ceniza en la cabeza, dice las siguientes palabras: “Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás”.
“Entonces, el rico y el pobre tienen el mismo fin, mueren; sin nada vinimos al mundo, y sin nada nos iremos de él”, repuso.

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