Víctor Dávila, el nuevo armador que entra a escena en la Roja

Nació en Iquique, pero Huachipato lo reclutó a los 12 años. Un zurdo con fama de díscolo, que se marchó a México sin consolidarse y que hoy, enrielado a través de la religión, despunta en el Necaxa que le renovó contrato por dos años. “Tiene potencial para ser un recambio en la selección adulta”, dice su ex DT Hugo Vilches. 

Del iquiqueño Víctor Dávila siempre se hablaron maravillas, pero también se advertía que su potencial futbolístico no iba de la mano de su madurez. Lejos de su familia, afincado en Talcahuano, el volante tendía a rebelarse frente a las obligaciones que le presentaba el oficio de futbolista.

“Un crack, zurdo de buen remate, buen tiro libre, visión periférica, habilita y hace goles”, lo definía Alejandro Padilla, técnico de la formación acerera, antes del Sudamericano Sub 20 del año pasado, donde Dávila fue nominado por Héctor Robles y, salvo chispazos, deambuló como todo el equipo (antes integró la juvenil de Nicolás Córdova que ganó el torneo de Alcudia 2015).

Hugo Vilches lo dirigió en el primer equipo de Huachipato. “Con él pasaba lo clásico de la temprana edad, a veces no asumía compromisos y horarios, y pagaba sanciones que lo enderezaron, pero no era nada importante. El ir a México seguramente lo hizo crecer emocionalmente, porque es un desafío de vida. Quizás no se fue consolidando, pero estaba en el momento para salir del club. Tiene potencial para ser un recambio en la selección adulta”.

¿Cómo juega Dávila? “Víctor es un jugador habilidoso, que disfruta jugando libre, como enganche o un ‘nueve mentiroso’, porque creo que la banda lo puede atorar. Tiene remate y es explosivo en la salida, con mucha fuerza y potencia. Muy bueno en el uno contra uno y es productivo, no es solo vistoso para la galería; contribuye en el juego”, detalla Vilches.

El año pasado, Dávila decidió terminar su vínculo con el club sureño y fichó por el Necaxa, que acaba de renovar su contrato por dos años. En su entorno aseguran que su acercamiento con la religión, una vez llegado al camarín de Aguascalientes, donde comparte con Matías Fernández, fue clave para enfocar su carrera.

En variadas entrevistas en México, Dávila reconoce las culpas de imberbe. “Andaba contestándoles a los profesores, no me gustaba que me dijeran las cosas (…) De Chile salen muy buenos jugadores, pero no tenemos disciplina ni profesionalismo, y por eso se quedan, los que perseveran llegan”, sostiene el iquiqueño de 20 años, cuya tasación se disparó.

Reinaldo Rueda detectó sus virtudes y desde hoy podría pasarle una camiseta. Dávila, el zurdo con fama de crack, entra a escena.

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