La Historia de los Mesones en Aguascalientes

Los Mesones de Aguascalientes

Los mesones fueron, durante siglos, las grandes hospederías.
Fueron los pioneros de lo que es la hotelería del nuevo siglo y del milenio.
Aguascalientes tuvo en su sitio de paso la presencia de gambusinos en la bifurcación de los caminos reales. La minería fue una de las primeras consideraciones importantes, el extraer de las entrañas de la tierra sus riquezas para enviarlas a la Nueva España, Guanajuato u otros sitios más.
Guanajuato dejo de ser minero y Aguascalientes era el paso de gente que transcurría en busca de nuevos puntos geográficos donde se pudiera explotar la tierra.
En 1575 había que dar acomodo a las gentes que pasaban por aquí.
La primera gran hospedería, según investigaciones fue la misma construcción del fuerte o presidio que estaba sobre la Cinco de Mayo y que dio origen a la ciudad.
Era una construcción más o menos regular que custodiaba a los soldados donde guardaban sus caballos y se guarecían los viandantes, los carretoneros y los arrieros que utilizaban esos caminos en cuestión.
Aguascalientes empezó a configurarse a partir de que se declara Villa, se transforma a tal grado que una vez que se asienta de acuerdo con la Real Cedula que le da el rango de Villa se comienzan a construir posadas, fortalezas y mesones.
Esa fue la rustica hotelería de esos tiempos.
Hay que recordar que una vez que se asienta la traza de Aguascalientes a partir de la Plaza de Armas empiezan las trazas de cuadras, manzanas y se comienzan a construir las hospederías.
Pasa el tiempo y aun se recuerda al famoso Mesón del Amo, que estaba aledaño a la casa del cura encargado de Catedral, que en aquel entonces era una capilla y el Mesón del Amo era el sitio donde llegaban las gentes en tránsito.
Estaba donde hoy está el Teatro Morelos.
Y entonces comienzan a nacer en torno a la Villa los mesones.
Se recuerda también que en la Plaza de las Tunas, hoy Mercado Juárez y sus alrededores, principalmente en la calle Guadalupe donde había muchos mesones.
Ofertaban a los viandantes, a los arrieros y carretoneros pasturas para las bestias, un lugar para dormir a los que así lo necesitaban.
Eran cuartos de adobe con pisos de tierra en donde en el mejor de los casos encontraban un camastro para pasar la noche.
En torno a ellos comenzó a florecer la vendimia, la comida que requerían las gentes.