La HIstoria del Himno de Aguascalientes

El Himno de Aguascalientes

Esteban Ávila, que había sido Gobernador Interino en 1860 y Constitucional en 1861, prometió que un día con otro daría a conocer una composición que alentara los motivos libertarios.
Pasaron los días y una noche de junio en el Jardín de San Marcos, Esteban Ávila, al amparo de las hojas plateadas que se movían rítmicamente con el suave viento, leyó a su amada unos versos que comenzaban de la siguiente bella manera:
“Si el traidor a la lid no provoca,
arma al hombro, a vencer o morir!
Que el rehusar si el clarín nos convoca,
esa afrenta en el mundo vivir”
Esteban Ávila, como todo soñador, iba forjando renglones cortos, siempre a la vera de los añosos arboles que entonces se escondían, según datos, en una maleza, de tipo romántico, del hoy famoso Jardín de San Marcos.
El gran poeta, tal vez igualando la inspiración de los elegidos, dejo escapar otra estrofa memorable.
“Ciñe, oh, Patria, tus sienes divinas
con los lauros que arranca el valor,
y al mirar del imperio las ruinas
alza ufana tus himnos a Dios”.
Y más adelante Esteban Ávila, alzando los ojos al firmamento, exclamo en forma solemne:
“Cuna ilustre de Chávez y Arteaga
que a la Patria mil héroes le das.
Ciudad bella, hermosísima maga.
Dios te otorgue el progreso y la paz.
Nunca el sol de los libres su rayo
Niegue airado a tu bóveda azul,
ese sol esplendente de mayo
que a tu gloria ha prestado su luz.
El alumbre su senda de flores.
El ­oh, Patria!, otros triunfos te dé,
y no logren los ciegos traidores
nunca, nunca, su luz obtener.
Del oprobio la mancha execrable
cubra a aquel que la espada empuño,
para hundirla a la Madre adorable
y a los viles franceses se unió.
Caiga, caiga, la afrenta en su frente
Y en su nombre el eterno baldón,
Nunca, Patria, te muestres clemente,
nunca a Lares le des tu perdón.
Ya no el peso de infames turanios
a tus hijos pretenda oprimir,
y tu pueblo sea un pueblo de hermanos,
donde puedan los libres vivir”.
Dicen las viejas crónicas que al acabar de pronunciar esas palabras, poeta y musa corrieron del Jardín de San Marcos a la residencia donde se celebraba esa noche una reunión de las más proyectadas.
A ese respecto, dice Don Jesús Bernal Sánchez, notable historiador aguascalentense:
“Una noche del mes de junio de 1867, ya al terminar la velada de costumbre, reuniones que tantas emociones y tantos recuerdos despertaban, porque se narraban además episodios históricos pasados, Esteban Ávila, el más asiduo de los concurrentes, tomo la palabra y expuso que deseaba dar a conocer una humilde composición y a continuación sacándola del bolsillo, con voz reposada pero conmovida, en medio de un religioso silencio, le dio lectura.
Silencio que solo era interrumpido al final de cada estrofa por una prolongada salva de aplausos.
Quien causaba aquel desborde de indecible entusiasmo, era el HIMNO DE AGUASCALIENTES, al cual, un poco más tarde, le puso música el inspirado compositor Miguel Meneses; y aquellos aplausos, aquellas ovaciones, eran en honor del popular y distinguido vate aguascalentense, que excitaba a los hijos de su pueblo a continuar la lucha contra los enemigos de la Patria.
Se generalizo tanto este bélico canto, que por mucho tiempo y en todos los programas de las festividades cívicas, figuraba como numero principal y era escuchado por la concurrencia con interés y verdadera emoción y ovacionado siempre con calurosos ­VIVAS! a la Patria y al Estado”.
Siguiendo la secuela de tan importante evento socio-patriótico, y haciendo marco a una relevancia hasta entonces desconocida en Aguascalientes, el señor gobernador del Estado y las distinguidas sociedades culturales reconocieron la valentía de ese canto patriótico, que envolviendo en sus estrofas el sentimiento popular, dio muestras inequívocas del talento y la visión de los hombres de nuestra tierra representados por el extraordinario poeta Esteban Ávila.
Y eso bien lo entendió el glorioso historiador Don Jesús Bernal Sánchez, quien expreso en memorable ocasión:
“Por fin, para el anhelado bienestar social, todas las familias más distinguidas de esta sociedad quedaban unidas con los lazos de la fraternidad, sin volver a hacer reminiscencias de los rencores pasados. Con esto daban una prueba evidente de sus nobles sentimientos y de su cultura”.
Y así, entre tanta inquietud ciudadana, nacía para la posteridad el Himno de Aguascalientes, cuyo autor es digno de un homenaje permanente a sus grandes merecimientos ciudadanos y patrióticos.