La Historia del Profesor Cerritos de Aguascalientes

`El Profesor Ceritos”

Eutimio Serna Chávez, un licenciado, un maestro, un guía excepcional recibe justo reconocimiento
* Soy maestro por afición y le doy gracias a Dios por guiar mis pasos siempre por la senda del bien
* A Gamas Torruco, quien fuera director del Banrural, le debe su sobrenombre tras ponerle “un cerito”

El profesor Eutimio de la Serna Chávez, conocido cariñosamente como “Ceritos” es uno de esos hombres, un forjador de muchas generaciones al que se le habrá de rendir un más que merecido homenaje por todo lo que ha hecho por el bien y la niñez de Aguascalientes. Es un muy modesto homenaje, un hombre que dice con una dulce sonrisa en su rostro: “Soy un profesor por afición”. La charla se dio en su casa, allá por la calle de Guerrero. Es un hogar sencillo y hasta humilde en cuyas paredes hay infinidad de retratos familiares y cuyos muros extrañan la presencia de la mujer de la casa, su compañera, esa que hace dos años fuera llamada por el Todopoderoso. Podría decirse que estoy solo, pero no es así. Estoy con mi hijo que está enfermo, pero que es como un ángel que Dios me ha enviado. Están mis fotografías, están mis recuerdos, están mis clases que tengo que preparar, están mis pruebas que debo revisar y claro que este Dios a nuestro lado. De agradable rostro, en el que han hecho mella todos esos años de sabiduría que se ha encargado de compartir a sus alumnos, el profesor “Ceritos” afirma que Dios lo bendijo y lo ilumino para forjarse en la vida, para construir una gran familia y también para hacer amigos. En eso sí, debo decirle, soy inmensamente rico, tanto que en muchas ocasiones llegan hasta mi persona gentes muy importantes, ricos empresarios, funcionarios políticos y también gente como usted o como yo solo con el deseo de saludarme. “¨Profesor, se acuerda de mi?, usted me dio clases, ¨que no lo recuerda?”. Y me saludan como si vieran a un padre del que han estado alejados durante mucho tiempo, eso, nos dice, eso es algo tan maravilloso, tan extraordinario que me paga y con creces todo lo que humildemente he podido realizar en mi vida. El “Profesor Ceritos” está celebrando 50 años de magisterio, algo que, nos dice, es verdaderamente increíble ya que nunca se imagino en ser maestro. Soy Licenciado en Derecho y durante más de 33 años formó‚ parte del Poder Judicial, por lo que debo decirle que llegué‚ al magisterio por una mera casualidad, por eso digo, y nos lo comenta con una dulce sonrisa en el rostro, que soy “maestro por afición”. En el Colegio Portugal y muchos de sus amigos le están preparando para el próximo día diez el homenaje del que ya hemos hablado, algo que lo tiene sumamente inquieto.
Creo que no lo merezco, nos dice casi susurrando. Desde ahora es algo que creo nunca voy a poder pagarle al Padre Díaz Morones y a quienes lo están apoyando. No creo, estoy bien seguro que será algo que nunca voy a olvidar y que agradecer‚ eternamente.
Ahora se, nos dice, que mi paso por la vida ha sido útil.
Y es entonces cuando el “Profesor Ceritos” comienza a platicarnos a grandes rasgos su vida. ­Uy! nos dice, nació hace muchos años y fue en San Luis Potosí el 22 de enero de 1922. Mis padres fueron José Serna Esqueda, de los Serna de Villa Hidalgo, y María Soledad Chávez Salazar, de esa congregación llamada El Tablero del Refugio, en el municipio de Teocaltiche. Cuando nací, duramos seis años en San Luis y luego nos venimos para acá y por lo tanto me considero de Aguascalientes como el que mas, pues de mis 78 años de vida 72 los he pasado en Aguascalientes. Éramos, nos dice, de escasos recursos por lo que obviamente estudie en una escuela muy humilde, que estaba antes de que abrieran la Adolfo López Mateos, se llamaba la José María Chávez. Tuvieron que echarla abajo para hacer la avenida, ahí estuve un año.
El segundo en el Colegio Hidalgo, con la Hermana Herlinda, y algunos compañeros que estuvimos ahí. Luego a la Tipo, en Díaz de León. Fue la primera federal, para cuarto y quinto. Debo destacar, agrega, que en ese entonces la instrucción primaria llegaba hasta cuarto, ya así le daban su certificado. Era una educación sumamente completa que ya se quisiera en la actualidad, aunque debo destacar que no tenía cálculo diferencial.
Del 34 al 36 estuvimos con las Madres Superiores, en quinto y sexto año. De ahí, hubo que esperar 6 meses, pues el programa de las escuelas era el B. Entramos en febrero. No quería mi papa que estuviera de vago, mejor te vas a la academia a hacer taquigrafía, me dijo. Entonces era como lo que es hoy la computación. Así que me fui a estudiar eso. De los compañeros medio astutos, estaba mi compadre Roberto Buchanan, lo han de conocer. De ahí pasamos a la Prepa, pues no había ni secundaria, ni bachillerato, por lo que estudiamos del 37 al 41. Recuerdo compañeros que deben conocer: el doctor José de la Serna, urólogo; el doctor Navarro Sotomayor, quien ahora vive en Guadalajara. De ahí al bachillerato. Me quería ir a México, a cursos de invierno y lo logre de casualidad ya que se dio beca a los tres que tuvieran las mejores calificaciones y yo estaba en el quinto lugar. Logre la beca porque no pudo ir la mama de una actual senadora, María de los Ángeles Moreno Uriegas y también otro compañero. México era una ciudad ya enorme, deslumbrante y sobre todo, muy segura, no como hoy en día. Un compañero, el hoy licenciado López Aparicio, compraba su abono para toda la semana en los tranvías y muchas veces nos lo prestaba. A las seis de la tarde los recibíamos y nos íbamos en los tranvías a pasear. Fue un tiempo extraordinariamente bello e inolvidable en el que todo era una novedad para los estudiantes provincianos como yo. Después me llamo mi papa y dijo en México no te quedas, pues sale caro y mejor te vas a San Luis donde tengo conocidos. Pase entonces a la Universidad de esa Entidad, que en ese entonces era el Instituto Científico Literario, donde estudie la carrera de Derecho. Hacia constantes viajes de ida y vuelta a esta ciudad, pues ya tenía novia y usted debe saber que estas lo jalan a uno. Mi novia, quien después fue mi esposa y que ahora en paz descanse, era de los González de San Miguel del Alto, donde todos son González y por lo tanto se conoce como la región de la “Gonzalera”. Retorne y aquí me dieron un puesto de juez en un despacho. Era un juzgado mixto y muy curioso, pues los problemas de particulares se resolvían fácil. Llegaban conmigo y yo levantaba las demandas, los citaba una semana después y hacia labores de conciliación. Tramitaba asuntos que no pasaran de 500 pesos, por lo que ya podrá usted imaginarse que era un juzgado muy pequeño. Luego mejor‚ un poquito cuando Guillermo Andrade, que entonces era magistrado, me aviso que había una vacante en el Tribunal de Justicia, en el cual permanecí por espacio de 23 años como Magistrado Segundo. Fueron muchos años, nos dice con una gran sonrisa y luego comenta que sus amigos le preguntaban: ¨Como le haces para mantenerme como magistrado?, estas como los muñecos de feria, de los que avientan y caen parados. Cambian los gobiernos y tu sigues en el puesto.
Yo les decía que lo mío era no meterme en política, y por eso sigo aquí. Haber sido magistrado es algo también que me llena de orgullo y debo decirle que no me despidieron ni me retiraron, simplemente me jubile. Fue algo muy bonito porque trate de impartir justicia siempre apegada a la razón y por ello hice muchos amigos. Mire, hace poco paso algo que no es como decirlo y se dio de forma inusitada. Vino a saludarme en Navidad el actual magistrado Presidente Cleto Humberto Reyes Neri, quien fue mi alumno. Y me dijo, “vengo a saludarlo y a traerle un pequeño presente para que sepa que usted siempre estar en nuestra mente”. Me dio cinco mil pesos. Me explico que era como un reconocimiento a mi trabajo, una muestra de agradecimiento. Fue algo que realmente nunca espere porque nunca se me había tomado en cuenta, fue un detalle que para mí es tan increíble que ahora quiero compartirlo con la sociedad de Aguascalientes.
Como no recordar, agrega el “Profesor Ceritos”, que en el Supremo Tribunal de Justicia hice equipo con Juan de Luna Loera, un hombre integro que también hizo mucho por Aguascalientes.
Pero como llego al magisterio, le cuestionamos. De hecho casi fue cuando me inicie como juez. Fue en 1950, eso lo recuerdo muy bien, usted sabe que los sueldos en ese tiempo -y ahora- no eran muy buenos por lo que entre a trabajar a lo que hoy es la Universidad. Fue una época muy dura ya que en ese tiempo se separaron los maestros. El licenciado Carlos González Rueda me dijo entonces, oiga hay una materia en el Instituto de Bellas Artes, es sobre geografía humana, me la ofrecen a mi pero no me llama la atención, ¨quiere usted impartirla?. Claro que si, le conteste. Yo tenía libre toda la tarde y me dije voy a ganarme un dinerito extra, pero me dijo, solo hay una cuestión, no hay dinero, no hay paga por ahora, ahí se la van guardando. Bueno, pues que así sea.
Así me inicie en el magisterio y así estaban todos los maestros, entre ellos don Benito Palomino, Alejandro Topete, el licenciado De Luna, Guillermo Andrade, don José González Saracho y muchos otros. Por fin se soluciono el problema, entro a la Secretaria General de Gobierno Joaquín Cruz Ramírez, que también estaba de maestro. Comenzaron a pagarnos pero con retrasos de hasta mes y medio o dos.
Un tesorero extraordinario que recuerdo, nos dice el “Profesor Ceritos”, el ingeniero Cobar Lazo, una vez me hizo un préstamo. Fui con él y le dije, ingeniero pagan el lunes y se atraviesa el fin de semana, ¨podría usted prestarme algo?
Tengo 170 pesos, voy a pagar la luz, que son 150, ¨quieres los 20? Y para pronto que me los dio. Fueron tiempos, agrega, extremadamente difíciles, pero también muy románticos para lo que hoy es la Universidad Autónoma, esa que hoy es un orgullo para todos nosotros. Se trabajaba “con las uñas” y con mucho amor. Debo decir que de la UAA me jubile a los 33 años de servicio. Al Colegio Portugal llegue cuando el director era el maestro José González Saracho y un día me encontró y me dijo, hay una materia en mi colegio, te vas a impartirla.
Que materia es, le pregunte y me dijo, geografía y no me digas que no. El sabía que me gustaba y comencé. El director espiritual era el señor cura Jiménez. Me inicie pues dando la geografía humana y el apodo de “Profesor Ceritos” surgió de una manera muy chusca y ahora con el paso del tiempo debo decir que me gusta ya que es agradable, ya que a otros compañeros les pusieron unos muy ofensivos. Resulta que yo era un maestro muy presumido. Creía que serlo le permitía dar la clase a la hora y el día que uno quisiera. Un día llegue a clases, luego de faltar dos días. Las clases eran terciadas, por lo que no fui lunes y miércoles, por lo que el viernes llego y comienzo a pasar lista y por ahí me llamo la atención el apellido de un muchacho, Gamas Torruco, y le dije tu vas a dar la clase. El muchachito se levanto muy serio y con cara de enojado me dijo: “Maestro -algo inusitado ya que a todos se nos conocía como profesores- tiene usted el merito de nunca venir a clase y el día que viene me la pregunta, no la sé”.
Nunca esperaba eso, me dejo mudo momentáneamente y le dije:
“Muy bien, no la sabe, no se preocupe muchachito, le voy a poner un cerito”. Y con una carcajada nos dice: desde entonces se me conoce como el “Profesor Ceritos”. Debo decir que este muchacho, hijo del entonces juez de Distrito, llego muy alto en la política y fue director nacional del Banrural, embajador en Australia y llego a sonar para gobernador de Tabasco. Lo recuerdo con agrado porque me dicen que una vez que vino ya como director de Banrural, alumnas del Colegio Portugal fueron a recibirlo al Aeropuerto y les pregunto en donde estudiaban. Ah, yo estudie ahí en tiempos en que solo había hombres y recuerdo con gusto al “Profesor Ceritos”, ese que me puso un cero en su clase”.
Y el profesor entrecierra sus ojos evocando aquella época.
Que más le puedo pedir a la vida, soy un hombre muy bendecido por Dios. En primer lugar, nos dice, le doy gracias a mis padres que con muchos sacrificios me dieron instrucción y me dieron una carrera. Muchos me preguntaban que herencia monetaria me habían dejado y yo les dije que no me dejaron ni un cinco pero me dieron las armas para forjarme en la vida. Le doy gracias a Dios también porque me ha permitido vivir 78 años y todavía me siento perfectamente e incluso sigo dando clases. Le doy gracias también, nos dice, porque me permitió ejercer satisfactoriamente como juez, tratando de ser siempre justo en la impartición de la justicia y porque me ha dejado estar cincuenta años en el magisterio al que llegue por mera afición, pues debo decir que nunca tuve un titulo como tal, si acaso un diplomado en la Universidad. Le doy gracias también, agrega, porque me permitió forjar una gran familia porque tuve una compañera extraordinaria, Andrea Becerra González, la que lamentablemente hace dos años murió y con la que tuve nueve hijos, Lourdes Virginia, Lucrecia Andrea, Oscar Javier -QEPD-, Ruth Imelda, Miriam del Rosario, Hilda Judith, Marcia Evelia, Patricia, Griselda y José, el que tengo enfermo y esta siempre conmigo. Estoy solo y no, nos dice luego, porque de las siete hijas que viven aquí, paso un día con cada una de ellas y sus nietos. Y nos vuelve a decir el “Profesor Ceritos”
¨Que mas la puedo pedir a la vida? si me ha dado familia, profesión y amigos. Y una doble profesión, como abogado y mi profesión como aficionado, la del magisterio. Y aquí cuenta que una vez el Padre Díaz le dijo, Oiga maestro, todos los profesores tienen su titulo en sus salones, usted que tiene. Nada padre, nada, yo soy licenciado. Pues vaya a la Universidad y haga un diplomado.
Y lo tengo, me costó mucho trabajo pero lo conseguí y lo curioso es que los que fueron mis alumnos en el Portugal fueron mis maestros en la Universidad. Hoy, justo cuando están a punto de homenajearme, puedo decir que mi vida ha valido la pena, con todo y los achaques propios de la edad, pero siempre dándole gracias a Dios que me permite seguir viviendo. Es usted, le dijimos, un hombre que ha dejado huella a su paso. Bueno, pues algo que agradezco a quienes me conocen porque mucha gente me saluda con gusto y me reconoce, incluso hasta en las reuniones de los jóvenes como las de mis nietas en donde padres de familia y hasta políticos han llegado a saludarme porque fueron mis alumnos.
No seré rico en dinero, pero si en amistades y afecto.
Creo, nos dice y suelta la carcajada… “hasta me estiman”.