El Niño del Contendedor en Aguascalientes 20 años de su muerte por asesinato

Todo comenzó el 12 de noviembre de 1999 en Aguascalientes en la calle 28 de agosto, en donde un pepenador encontró dentro del contenedor una caja de huevos San Juan que contenía el cuerpo de un niño de 4 años cuya única vestimenta era una camiseta de los 101 dálmatas.
El cuerpo se encontraba maniatado, envuelto en un mantel con diseños navideños y una colcha con flores y presentaba signos de haber sido violentamente golpeado. Dentro de la caja se encontró además una navaja con manchas de líquido rojo y bolsas de basura.
Cuando lo examinaron vieron que estaba cubierto de moretones de diferente antigüedad; ya una vez realizada la necropsia se supo que la causa de la muerte había sido un traumatismo cráneo-encefálico, traumatismo requimedular cervical y estallamiento de vejiga por los golpes.
O, en cristiano, lo golpearon fuertemente en la cabeza y la espalda hasta provocarle la muerte.
La fotografía del cuerpecito y un boceto fueron difundidos ampliamente por todos los medios de comunicación en un intento por lograr identificar al niño, gracias a esto surgieron varios testimonios y posibles identidades, de las cuáles destacan las siguientes:
En cuanto a los testimonios, primero fue el de Luna Gallegos, trabajadora en la calle 28 de agosto, quien dijo que a las 7:55 vio a un hombre bajar de un taxi con una caja de huevos que iba y venía hacia el contenedor pero que en algún momento le perdió la pista;
El segundo testimonio fue Jesús Muñoz Macías, el taxista. Jesús informó que el 12 de noviembre de 1999 recogió en la Central Camionera, a eso de las 7:25, a un sujeto que le pidió ir a la calle 28 de agosto, el cual, en efecto, traía una caja de huevos consigo.
Basándose en estas descripciones la policía se hizo del retrato hablado de un señor de unos 35 años de edad delgado, alto y se hicieron versiones tanto con o sin capucha. Primero se pensó que era el hijo de una pareja que se hospedaba en un hotel ubicado en la misma calle al que vestían de payasito para pedir limosna, varios del personal del hotel lo identificaron como el niño del contenedor pero después los contactaron en SLP con su hijo vivo.
Después una señora reportó que su nieto se encontraba desaparecido junto con su madre desde hacía tiempo, por lo que se localizó al padre en Estados Unidos el cual identificó el cadáver e, incluso, la camisa, pero al llevarse a cabo los examenes de ADN estos dieron negativos
La policía incluso capturó a una banda de secuestradores que se pensaba estaba relacionada por un reporte del secuestro de un menor en Alamo, Veracruz, cuyo rescate fue pagado por sus padres pero nunca recuperaron a su hijo. Sin embargo, no se trataba del mismo.
Finalmente, en el 2001, el niño fue identificado por su abuela, Araceli González Becerra, y el antiguo socio de su padrastro, Dionisio Pérez Temoztli: se trataba de Dhilan Randall Mercado González, nacido en 1995, de Liliana Lucero Mercado González y de Andrés Amador Garrido.
Andrés no reconoció a Dhilan por lo que Liliana fue madre soltera y, tres años después, se casó con Francisco Javier López González en la ciudad de Huachinango, Puebla, pero tiempo después se mudaron a Jalpa, Zacatecas. Además de Dhilan, Liliana procreó con Francisco tres hijos.
Araceli dijo que estaba al tanto de los abusos cometidos y había intentado que se le diera la custodia, había levantado una denuncia en el DIF para que investigaran pero, antes de que se pudiese tomar cartas en el asunto, Liliana y Francisco desaparecieron de Jalpa.
Araceli identificó además la colcha en la que estuvo envuelto pues había estado en la familia durante más de 20 años. Se hicieron análisis comparativos de la fotografía de Dhilan y el cadáver; y estudios de ADN con los abuelos y la tía por lo que se demostró que era él.
Dionisio dio soporte a lo anterior, contó que tanto él como Francisco eran maestros en una Asociación de Estudios Gnósticos donde inicialmente Dionisio se encontraba en Jalpa, Zacatecas y posteriormente hizo permuta con Francisco, quien vivía en Huachinango, Puebla.
Mencionó que cuando lo conoció notó que había algo “extraño” en él, testificó que vio al niño con moretones y que el trato que se le daba no era el mejor, pero que no se quiso involucrar en el asunto y, ya una vez realizada la permuta, no volvió a saber de él.
Cuando se investigó la Asociación de Estudios Gnósticos en Aguascalientes se descubrió que la sede estaba justamente en la calle 28 de agosto pero, debido a problemas internos los miembros se habían esparcido en varios grupos, por lo que ya no tenían un control de su ubicación.
¿Recuerdan al taxista que había servido como testigo? Pues bueno, al mostrarle la foto de Francisco este lo identificó como el pasajero por lo que confirmaron lo que ya sabían: los culpables habían sido la madre y el padrastro, por lo que se intensificó la búsqueda.
Supieron que, después de Jalpa se movieron a Nochistlán, Zacatecas en donde permanecieron varios meses para luego trasladarse a Teocaltiche, Jalisco. También supieron, que a mediados de noviembre Liliana esperaba gemelos y fue por estas fechas que se llevó a cabo el crimen.
Los vecinos mencionaron que era normal escuchar gritos y golpes provenientes de su casa, que a Dhilan solían ponerlo hincado durante horas sobre piedras y que lo bañaban con una mangera en las noches y a plena calle por lo que lo escuchaban llorar todos los días.
También se supo que Francisco había estado casado con una mujer llamada Anabel de la Cruz Hernández con la cual había procreado un hijo el cual había fallecido debido a una supuesta caída en el andador por las escaleras. Anabel, no del todo convenida de esto, se divorció de él.
Se descubrió que Francisco tenía muchísimas deudas por los préstamos que pedía antes de cambiarse de domicilio ya que vivían en una situación casi precaria porque no trabajaba. Fue descrito también como una persona huraña y posesiva que no dejaba salir a Liliana sola.
Dos meses de estar en Teocaltiche se mudaron a Guadalajara en donde Francisco preguntó por los trámites para adoptar a un niño manifestando que había perdido a su hijo y por esta razón deseaba adoptar a un menor (probablemente para hacerlo pasar por Dhilan).
Gracias a la información dada al solicitar el trámite supieron que los lugares de residencia eran posiblemente Huentitlán de Arriba y Huentitlán de abajo pero esta búsqueda no dio resultados.
Se piensa que Liliana y Francisco huyeron con sus tres hijos a Estados Unidos y son actualmente buscados por el FBI. Hoy, a casi 20 años del asesinato de Dhilan, no se ha hecho justicia por él.