Reto #21DíasConmigo

Las personas, tu, yo, nuestros conocidos, nos hemos negado en los últimos años a hacer altos en nuestra vida, porque tenemos como humanidad, un sentido de supervivencia más orientado a hacer que a ser.

La naturaleza, que tiene como objetivo principal que las especies sobrevivamos y evolucionemos, hace por nosotros lo que no conseguimos por nosotros mismos.

¿Cuántas veces alguien ha deseado cambiar de hábitos, dormir mejor y más temprano, despertarse y hacer desayunos vigorizantes y balanceados, comer a sus horas, respetar el propio horario laboral y llegar a casa antes de que se acabe el día o antes de que se le agote la energía? ¿Cuántas veces también nos hemos sentido determinados a darle prioridad a la relación con nuestros padres, hermanos, hijos, pareja?. ¿Cuántas veces hemos postergado lo vital? Y cuando digo lo vital no me refiero solo a los asuntos de vida o muerte, sino a eso que me mantiene con ánimo de vivir mi vida. Lo que le da sentido a mi existencia.

Nuestro siglo tiene múltiples desafíos resueltos. La inventiva de pensadores de otras épocas, nos hacen la vida más sencilla, muchas tareas cotidianas hoy las resolvemos con tan solo pulsar un botón, lo que supondría, que contáramos con más tiempo para disfrute de lo sustancial y trascendental.

Sin embargo, nos la hemos ingeniado para llenarnos de asuntos pendientes con tal de no profundizar en lo que hemos convertido nuestra existencia.

Esta generación nuestra, tan neuronal, tan intelectual, tan deseosa de respuestas que encajen con las preguntas que tenemos al grado de que si no obtenemos la respuesta deseada, estamos dispuestos a cambiar incluso de preguntas.

Nos hemos llenado de asuntos para alejarnos de aquello que duele, que incomoda, que entristece, que enoja, que descoloca. Pero que nos hemos obligado a fingir que no tiene importancia, hasta que el estrés que hemos acumulado ya es tan improcesable que algo en nuestro organismo y en nuestra vida, abruptamente aparece, para que lo atendamos.

Nosotros somos parte de la naturaleza, y lo que no somos capaces de ver en nuestra propia vivencia cotidiana, la naturaleza exponencialmente nos lo va a mostrar de manera magnificada.

Un virus microscópico nos tiene en pausa.

Así de sutil y sublime es el equilibrio biológico.

La vida siempre hace los ajustes necesarios para salvarnos de nosotros mismos.

El humano ha depositado demasiado crédito a sus ideas, olvidándose de su necesidad natural de bienestar. Hemos depositado ese bienestar en todo lo del exterior: una casa, dinero, trabajo, pareja.

Pero tras estas búsquedas existe algo más simple y poderoso.

Nuestro cerebro primitivo sigue imperando por encima de nuestras más sofisticadas reflexiones y anhelos, por ello la casa es en verdad sinónimo de la seguridad que necesito experimentar para saberme a salvo, el dinero significa para mi cerebro primario tener soluciones a lo que vaya surgiendo en mi vida, tener con qué hacerle frente, el trabajo, más profundamente significaría tener una misión de vida, algo que me haga moverme hacia un objetivo diariamente mientras me confirmo que lo voy haciendo bien… y la pareja, no es otra cosa más que la necesidad básica de conexión con los de mi misma especie.

Los humanos creemos que queremos una cosa, pero la historia de fondo casi siempre es otra. Y cuando desoímos esa historia, lo que nos ocurre es que empezamos a vivir en estrés permanente, un estado de alerta y zozobra que de manera imperceptible, va volviéndose crónico.

El estado de alerta en el que estamos situados como humanidad, nos ofrece una posibilidad más allá del caos, el miedo, la muerte y el dolor.

No se trata de los dos bandos que a simple vista se perciben.

Los que movidos por ese terror vislumbran solo un futuro oscuro, sin oportunidad de luz alguna. O los que movidos por un exceso de optimismo, solo observan la luz, negando la oscuridad que inevitablemente también está allí.

Llegar al punto medio, al estado funcional, al óptimo equilibrio de supervivencia no provendrá de ninguno de los polos opuestos; la llave del bienestar la tendrá quien sepa colocarse en el punto medio, neutral, flexible, capaz de ver lo oscuro, capaz de ver la luz, sin ánimo de pelearse con ninguna circunstancia.

“Si una persona entra en una habitación oscura, puede ponerse a pelear con la oscuridad, analizar la oscuridad, darle terapia a la oscuridad, tratar de convencer a la oscuridad para que deje de ser oscuridad o ir hacia el interruptor y encender la luz”.

Hacer, Hacer, Hacer.

Reinventar, estar apto para construir nuevas formas de salir a ese mundo que nos esperará allá afuera cuando la contingencia termine.

Estaré a lo largo de los días compartiendo contigo una serie de ejercicios sencillos para que esta pausa te permita reencontrarte contigo. Reconocerte. Darle permiso a tus miedos a que salgan. Dejar de acumular máscaras que solo esconden momentáneamente tu estrés.

Un tema por día. Para poder concentrarnos en el. Para que puedas tomarlo, hacerlo propio. Para que no solo entretengas a tu cerebro consciente sino para que alimentes a tu cerebro inconsciente y éste, te ayude no solo a sobrevivir, sino a vivir mejor tras esta pausa.

Empecemos el Reto de #21DíasConmigo

Con amor,

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