Han pasado semanas desde que la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) tomó las calles de la Ciudad de México y de varios estados para exigir cambios al sistema de pensiones y a su relación laboral con el Estado. Hasta ahora no hay acuerdo directo con la presidenta Claudia Sheinbaum, quien anunció que no dialogará con las cúpulas sindicales y que en agosto abrirá mesas con las bases, es decir, con el millón de maestros frente a aula.
Mientras tanto, el paro se extiende. El secretario de Educación Pública, Mario Delgado, afirmó que la suspensión de clases ha dejado sin escuela a 1 millón 410 mil 459 estudiantes en Chiapas, Guerrero, Michoacán, Oaxaca, Zacatecas y la Ciudad de México.
La protesta coincidió con el arranque del Mundial, y aunque la CNTE había advertido que «no se patearía el balón» sin respuestas, el contingente en la capital se redujo el día del partido de México. La movilización, sin embargo, se trasladó a los estados. Este fin de semana, la agenda presidencial en Zacatecas tuvo que modificarse ante el anuncio de protestas, una entidad donde la Coordinadora tiene mayor presencia que en Aguascalientes.
¿De qué se trata el conflicto?
Para la CNTE, el objetivo es revertir por completo la reforma educativa de Enrique Peña Nieto. Esa reforma les quitó a los sindicatos el control de las plazas docentes y las puso a concurso. Con López Obrador se recuperaron espacios, y ahora el magisterio disidente busca el control total de nuevo.
Para el gobierno, ceder significaría regresar al modelo corporativo que durante décadas entregó plazas a cambio de lealtad política.
SNTE y CNTE: dos caras del mismo corporativismo
En la mesa de análisis de Visión Aguascalientes, los especialistas recordaron el origen:
1. 1943, el nacimiento del control. En el gobierno de Manuel Ávila Camacho se crea el SNTE como un instrumento del Estado para «encapsular y controlar políticamente» a un magisterio históricamente beligerante, explicó el doctor Edgar Guerra, sociólogo de la UAA.
2. Las normales rurales. La CNTE viene de la Federación de Estudiantes y Campesinos Socialistas de México, ligada al cardenismo en los años 30. En los 70, con Echeverría, se garantizó por ley una plaza automática a los egresados de normales rurales, lo que dio a estas organizaciones acceso directo al empleo público.
3. El pacto Salinas-Gordillo. En los 80, Carlos Salinas desplazó a Jonguitud y colocó a Elba Esther Gordillo al frente del SNTE. Desde entonces, explicó el doctor Alejandro Madrazo (Yale), el país quedó dividido: el SNTE controlaba las plazas en la mayoría del país, y la CNTE en sus bastiones históricos: Michoacán, Guerrero, Oaxaca y Chiapas.
Ese doble juego, movilización radical en las calles y negociación corporativa con el Estado, le dio a la CNTE un poder único. Apoyó a López Obrador en 2018 con votos y capacidad de protesta, y hoy actúa como aliado incómodo.
Las prácticas cuestionables
El guion recuerda dos episodios que pesan sobre el magisterio organizado:
- La detención de Elba Esther Gordillo en 2013, acusada de enriquecimiento ilícito.
- La afiliación masiva de 1.4 millones de maestros a Morena, impulsada desde liderazgos del SNTE, usada como moneda de cambio político.
«La CNTE es una combinación extraña entre radicalismo y colusión con el Estado para controlar plazas a través de una lógica patrón-cliente», resumió Madrazo.
¿Qué sigue?
Sheinbaum apuesta a saltarse a las dirigencias. El gobierno federal insiste en que no habrá regreso automático al control sindical de las plazas, pero los analistas advierten que la presión en las calles, sumada a la cercanía histórica de la CNTE con Morena, podría inclinar la balanza.
Si se revierte la reforma, México volvería al pleno control corporativo y clientelar de las plazas docentes, advirtieron en la mesa. Si se mantiene, el conflicto podría escalar en los estados donde la Coordinadora es gobierno sindical de facto.
Por lo pronto, en Aguascalientes la presencia es menor, pero la disputa nacional ya marca la agenda educativa: entre conquistas laborales legítimas y prácticas que han convertido al magisterio en un actor político con poder de veto.




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