Con más de 25 años en juzgados, una magistratura electoral que no buscó y una aversión confesa al derecho administrativo, la jurista Lorena Guadalupe Lozano Herrera abrió su trayectoria a estudiantes de la UAA en el podcast Frecuencia Jurídica.
La ex jueza familiar y civil, licenciada en Derecho y maestra en Derecho Constitucional y Administrativo por la Universidad Autónoma de Aguascalientes —con doctorado concluido—, fue invitada por los alumnos Estefanía Chávez, Sofía Gutiérrez y Enrique Acevedo para hablar «más allá de los expedientes».
Lozano precisó que dejó el cargo el 31 de agosto del año pasado, tras la reforma judicial, al acceder a la prejubilación por años de servicio y edad.
«Yo era de tarjetas y listas»
Consultada sobre cómo fue la mejor estudiante de su generación, la jurista no habló de fórmulas mágicas sino de método visual.
«Estudiaba mucho. Leía, subrayaba, hacía resúmenes y listas. A veces solo ponía: características del derecho (son cinco). Me aprendía hasta en qué parte de la hoja estaba, abajo a la izquierda», contó.
Con el tiempo necesitó menos horas, pero mantuvo la organización. Sus tarjetas de estudio, dijo, terminaron circulando entre compañeros.
Se define como aprendiz visual: «Necesito leer y verlo. De solo oírlo no me era suficiente». Y dio un consejo poco común: el día del examen ya no estudiaba nada.
«Si me decían algo sentía que me desacomodaban las ideas, como si trajera todo en un tendedero. Buscaba relajarme, no seguir memorizando», explicó.
Romano, García Máynez y el libro que había que aprenderse
No todo fue fácil. Recordó que Derecho Romano I le costó al inicio por la carga de información, junto con Introducción al Estudio del Derecho con el libro de García Máynez y la materia «El abogado y su medio», donde los exámenes eran «según Carnelutti, según tal autor».
«El primer examen fue: santo Dios. No me fue mal, pero estaba acostumbrada a que fuera más fácil. Ya en Romano II le agarré la onda», dijo entre risas.
La magistratura que no quería y el derecho que odia
Lozano fue magistrada electoral en 2007 y 2010, cuando el tribunal era interino. Llegó casi obligada: tenía tres meses como jueza mixta en Jesús María cuando la presidencia del tribunal convocó a todos los jueces mayores de 35 años.
«Yo no quería. Ni siquiera llevé electoral en la universidad, no era optativa. Pero participé porque era institucional. En diciembre de 2006 ya estaba como magistrada», relató.
Cuando el tribunal se volvió permanente, con materia administrativa, decidió no presentarse al concurso, aunque muchos pensaron que había sido excluida.
«No, fue mi cerebro diciendo: ¿por qué vas a dedicarte a algo que ni te gusta? El administrativo lo odio, todavía hoy me parece aburrido. Preferí volver a lo familiar, que me encanta», afirmó.
El reto más grande: escuchar a los niños
Para Lozano, lo más difícil no fue un expediente famoso sino las audiencias con menores en materia familiar y penal.
«Siempre me gustó llevarlas yo, no delegarlas. Me tiraba al suelo con ellos, según la edad, para generar confianza», contó.
Ahí detectó, «muchas, muchas veces», violencia, alienación parental y casos de abuso sexual. El desafío, dijo, era proteger al niño sin revictimizarlo y sin violar el derecho de defensa del imputado, trabajando con psicólogos.
«Son decisiones que te marcan. Tienes que cuidar al niño de papá, de mamá, a veces de los dos», resumió.
La jurista, coautora de publicaciones en materia constitucional y familiar, cerró con un mensaje a los estudiantes: encontrar el método propio, organizarse y no perseguir cargos solo por inercia.
«Al final huí del administrativo. Y volví a ser feliz en familiar», concluyó.