Respirar por la boca no es solo un mal hábito: es una señal de alerta que puede deformar el paladar, afectar el sueño y bajar el rendimiento escolar. Así lo advirtieron la ortodoncista Azucena García González y la odontopediatra Ilse Lira Moreno
«La respiración bucal no es una enfermedad, es un signo clínico de que hay un problema de fondo», explicó García. «No tenemos la cultura de ir al médico hasta que ya hay daño, y como sucede de forma crónica, no lo detectamos a tiempo».
¿Por qué la nariz sí importa?
Cuando el aire entra por la nariz, los cornetes lo filtran, lo humedecen y lo calientan. Por la boca, ese filtro no existe. Las especialistas señalaron que las causas más comunes en niños son obstrucciones en la vía aérea alta: tabique desviado, cornetes inflamados, amígdalas hipertróficas, rinitis alérgica o sinusitis.
También puede quedarse como hábito. «El niño tuvo la nariz tapada por una gripa, empezó a respirar por la boca y, aunque ya puede respirar bien, se queda con la costumbre», comentaron. A eso se suma la postura: al abrir la boca, la mandíbula desciende y se va hacia atrás, cambiando toda la musculatura facial.
La cara que delata al respirador bucal
El conductor del programa, Dr. Bernardo, contó el caso de su hijo de 5 años, que despierta con ojeras pese a dormir temprano. Las doctoras explicaron que esa es una de las señas de la llamada «facies adenoidea»: cara alargada y estrecha, labios resecos sin sellado, mentón con «puntilleo» por el esfuerzo para cerrar la boca.
En boca, el daño es claro:
- El paladar no recibe el soporte de la lengua y se queda estrecho y profundo.
- Aparece mordida cruzada (los molares de abajo muerden por fuera de los de arriba) y mordida abierta (los dientes frontales no contactan).
- La mala oclusión impide masticar bien, lo que deriva en gastritis y colitis.
Niños cansados que parecen hiperactivos
«Son niños que no llegan al sueño profundo porque el cerebro detecta falta de oxigenación», dijo Lira. El resultado: talla baja, somnolencia en clase, falta de atención y diagnósticos erróneos de hiperactividad o mala conducta.
«Un niño que no descansa no rinde. No aprende, no tiene energía para jugar y su postura cambia porque echa la cabeza hacia atrás para que entre más aire», añadió García.
Si no se atiende, el problema crece
Sin detección temprana, el hábito se arrastra a la adolescencia y la adultez. Las consecuencias, advirtieron, van desde ronquidos hasta apnea obstructiva del sueño, con episodios donde se deja de respirar por la noche.
«Entre más rápido se detecte, es más sencillo y económico corregirlo. En crecimiento basta muchas veces un aparatito simple. De adulto el tratamiento es más complejo», subrayaron.
Las especialistas recomendaron acudir a revisión odontopediátrica u ortodóncica si un niño duerme con la boca abierta, ronca, amanece con ojeras, tiene labios agrietados o muerde «al revés». La respiración bucal, insistieron, no se quita sola: hay que tratar la causa —alergia, amígdalas, postura— y reeducar la función.