Se recordó a Jaime Sabines cuya biografía del autor nacido en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, el 25 de marzo de 1926. Tras estudios en el Instituto de Ciencias y Artes de Chiapas, ingresó a la Escuela Nacional de Medicina en la Ciudad de México, carrera que abandonó a los tres años para estudiar Lengua y Literatura Castellana en la UNAM, siendo becario del Centro Mexicano de Escritores. Hijo de Julio Sabines -de origen libanés- y Luz Gutiérrez Moguel, su padre fomentó su gusto por la literatura, a quien dedicó su poema más reconocido Algo sobre la muerte del mayor Sabines.
Diputado federal por Chiapas en 1976 y galardonado con el Premio Chiapas 1959, Xavier Villaurrutia 1973 por Maltiempo, Premio Nacional de Ciencias y Artes 1983, Premio Ciudad de México 1991, Medalla Belisario Domínguez 1994 y Premio Mazatlán 1996, fue despedido por el presidente Ernesto Zedillo como uno de los poetas más importantes del país.
Selección: el yo ante el amor
El equipo seleccionó ocho poemas: Los amorosos, No es que muera de amor, Me doy cuenta de que me faltas, Te desnudas igual, Espero curarme de ti, Me dueles, Me preocupa el televisor y La Luna.
Dieron lectura íntegra a No es que muera de amor:
«No es que muera de amor, muero de ti, muero de ti amor, de amor de ti, de urgencia mía de mi piel de ti […] Morimos en mi cuarto en que estoy solo, en mi cama en que faltas, en la calle donde mi brazo va vacío».
Explicaron que todos comparten la idea del yo enamorado no de una persona sino del amor mismo proyectado en alguien para ser. La clave para entenderlo es Los amorosos, donde Sabines plantea que «están vacíos, pero vacíos de una costilla a otra» y «juegan a tatuar el humo, a coger el agua, a no irse».
«El amor es el silencio más fino, el más tembloroso, el más insoportable», citaron, y rescataron la frase de Espero curarme de ti: «las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada».
Para el equipo, Sabines demuestra que el amor ya trascendió las palabras: decir «¿ya comiste?, ¿sabes manejar?, ya se hizo de noche» es decir te quiero.
El amoroso tóxico y la muerte
También analizaron la contradicción del autor. Aunque se le idealiza por su amor a Chepita, su esposa Josefina, en Cartas a Chepita le escribe «yo nunca te juré fidelidad sexual, es imposible». Lo definieron como un corazón vasto pero tóxico, varado en su dolor: «te muero, lo morimos, nos morimos».
Destacaron el juego fonético entre amor y muerte por el fonema bilabial M: conjunción de labios que se unen en acto amoroso y se abren en muerte.
El televisor como metáfora
En Me preocupa el televisor, señalaron la crítica social. Sabines se resiste a que un técnico lo arregle en dos o tres días porque «le metería violencia, le quitaría partes, le haría injertos ominosos y no volvería a ser el mismo».
«Es el egoísmo de no querer que la persona cambie porque cambiará la relación, aunque siga rota. El televisor es anestesia que distorsiona mensajes y nos aleja de la realidad», comentaron.
El poema, aunque en prosa, mantiene musicalidad, como Me dueles -que relacionaron con la canción Me duele tanto olvidarte– y No es que muera de amor, que suenan a canción.
Curarse como vicio
En Espero curarme de ti -«debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte»- vieron el amor como vicio cotidiano. Su receta: tiempo, abstinencia y soledad. Y la contradicción del aferrado: «¿te parece bien que te quiera nada más una semana?» y la imagen de reunir todas las palabras de amor pronunciadas sobre la tierra para prenderles fuego y calentarse con la hoguera del amor quemado.
Cerraron con La Luna, su poema más familiar y universal, donde «la luna se puede tomar a cucharadas o como una cápsula cada dos horas» y que nos observa y cura males.
El programa concluyó: «Yo le conté mi vida a Sabines y él decidió escribirle sus poemas. Yo por Sabines estudié letras».