Mientras el gobierno federal coloca el tema en sus ruedas de prensa matutinas y padres de familia en todo el mundo preguntan cómo abordar el uso de celulares e internet con sus hijos, especialistas locales advierten que la respuesta no está en la prohibición, sino en un trabajo conjunto que empiece por algo simple: que los adultos entiendan de qué hablan los adolescentes cuando dicen que van a «farmear aura».
«Hay mucha preocupación, y eso es bueno, porque los adultos crecimos sin redes sociales. Ellos nacieron con el internet; para ellos navegar, picarle al teléfono y crear su identidad en TikTok o en los videojuegos es su forma de convivencia», señala una especialista que trabaja el tema con familias y escuelas en la entidad.
El dilema, explica, es que las niñas, niños y adolescentes tienen derecho al acceso a la tecnología, banda ancha e internet, derecho consagrado en la Ley General de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes. Sin embargo, ese acceso conlleva riesgos crecientes: violencia digital, enganche, deterioro de la salud mental y reclutamiento forzado.
En Aguascalientes, el tema no es nuevo. Desde el año pasado ya existen lineamientos para el uso del teléfono celular en el salón de clases, lo que coloca a la entidad un paso adelante respecto a otras regiones del país. A nivel nacional, el INEGI mide el ciberacoso desde 2015, y los datos son tercos: las personas de 12 a 19 años son el grupo que más violencia sufre en entornos digitales.
La violencia, precisa la especialista, adopta múltiples formas. Está el bullying tradicional migrado a las pantallas: el meme, la foto manipulada, el comentario hiriente. Pero con la llegada de la inteligencia artificial generativa, el riesgo se multiplica. «Ya ni siquiera tiene que ser una foto real; les toman la cara y la pegan en otro cuerpo desnudo», advierte sobre la violencia sexual digital, que afecta principalmente a niñas y adolescentes.
No obstante, los varones también son víctimas, sobre todo por estereotipos de género y apariencia: si no juegan fútbol, si usan lentes, si son «muy morenos» o no tienen los tenis de moda. El acoso escala cuando se suman factores como la orientación sexual o la identidad de género.
Frente a esto, la especialista rechaza que basten los discursos motivacionales. «Podemos hablar un montón de amor propio, pero esas vocecitas y comentarios allá afuera lastiman. Por eso tiene que ser un trabajo en equipo», subraya.
Ese equipo, dice, debe integrar a familias, maestros, instancias de salud y educación públicas, y a las propias empresas tecnológicas. «Si pensamos que solamente en la escuela se resuelve, no estamos viendo toda la problemática. Los maestros pueden hablar del tema en el salón, pero ¿qué hacen si en la escuela no hay una psicóloga que los acompañe o un protocolo claro?».
El primer paso, insiste, es romper la barrera de desconocimiento entre generaciones. Muchos padres no saben qué es «farmear aura», qué redes usa su hijo o cómo funciona un videojuego. «Esa desconexión les genera temor y les impide acercarse. Necesitan herramientas para poder hablar del tema sin miedo», concluye.
La tarea, en suma, no es quitar el teléfono, sino enseñar a usarlo sin generar violencia. Y para eso, advierte, primero los adultos tienen que entender el lenguaje de quienes ya no conciben un mundo sin pantallas.