Hace apenas unos días, miles de estudiantes de Aguascalientes y millones en todo México regresaron a las aulas. Lo hicieron en un momento que obliga a revisar con seriedad el rumbo que ha tomado la educación pública nacional.
De hecho, también recientemente el Gobierno Federal ha anunciado que incorporará libros específicos de Historia de México, Matemáticas y Lectoescritura.
Desde el Frente Nacional por la Familia Aguascalientes consideramos que este anuncio representa, en los hechos, una rectificación de decisiones tomadas hace tres años con la implementación de la llamada Nueva Escuela Mexicana.
Desde entonces, padres de familia, docentes y especialistas advirtieron sobre el riesgo de diluir aprendizajes fundamentales dentro de campos formativos y proyectos generales basados en concepciones ideológicas del mundo. Hoy se vuelve la mirada precisamente hacia aquello que nunca debió perder centralidad: enseñar a nuestros niños a leer, escribir, calcular, conocer su historia, comprender la ciencia y razonar por sí mismos.
A ello se suma un hecho que no puede ignorarse: en febrero pasado, Marx Arriaga fue separado de la Dirección General de Materiales Educativos de la SEP, desde donde encabezó la elaboración de los actuales libros de texto.
Su destitución, seguida ahora por el anuncio de nuevos materiales específicos, debe ser motivo suficiente para realizar una revisión seria, transparente e independiente del modelo educativo y de sus resultados.
Porque no basta cambiar funcionarios ni agregar libros.
Nuestra preocupación con la Nueva Escuela Mexicana es que la educación busca utilizarse para transmitir una determinada visión ideológica de la sociedad, de la persona y de la familia, en lugar de privilegiar el conocimiento y la libertad de pensamiento.
La escuela pública no pertenece a un gobierno, a un partido ni a una corriente política.
La escuela está al servicio de los niños, de las familias y de México.
Su misión no es decirles a nuestros hijos qué deben pensar. Su misión es darles conocimientos y herramientas para que aprendan a pensar, discernir y decidir libremente.
Por eso hoy es también menester hacer un reconocimiento especial a las maestras y maestros de México y de Aguascalientes que, muchas veces desde la discreción de sus propias aulas, han defendido el rigor académico, la verdad, la libertad de enseñanza y su conciencia profesional frente a contenidos o presiones de carácter ideológico provenientes de la autoridad educativa federal.
A esos maestros que han entendido que su vocación no consiste en formar seguidores de una doctrina, sino personas libres; que han puesto por delante el aprendizaje de sus alumnos; y que han defendido las matemáticas, las ciencias, la lectura, la historia y el pensamiento crítico, les expresamos nuestro reconocimiento y gratitud.
También nos preocupan los contenidos relacionados con sexualidad, identidad y formación moral cuando desplazan o pretenden sustituir el papel primordial de madres y padres.
El Estado debe colaborar con las familias, no sustituirlas.
Los padres tienen derecho a conocer qué se enseña a sus hijos y a participar efectivamente en su educación conforme a sus convicciones. Ese derecho debe ser respetado en los programas, en los materiales y dentro de las aulas.
Por ello hacemos un llamado a las autoridades educativas: evalúen con datos objetivos los resultados de estos años. Dígannos qué está ocurriendo con la comprensión lectora, las matemáticas, las ciencias y los conocimientos fundamentales de nuestros niños.
Porque un funcionario puede ser sustituido y un libro puede corregirse, pero hay algo que ningún gobierno puede devolver: los años de aprendizaje perdidos de un niño.
México necesita una educación fundada en el conocimiento, abierta a la ciencia, respetuosa de la familia y comprometida con la libertad.
Educar no es adoctrinar. Educar es formar personas capaces de pensar por sí mismas y ciudadanos capaces, incluso, de cuestionar al poder.