Aunque suele asociarse con el caos, el estrés es en realidad un mecanismo de supervivencia que, bien manejado, puede convertirse en un aliado; el verdadero problema surge cuando se vuelve crónico y el cuerpo permanece en modo alerta por semanas o meses, advirtieron especialistas en la sección de curiosidades del programa El Gallo de Radio UAA 94.5 FM.
Lucha o huida: el superpoder que nos mantiene vivos
Cuando el cerebro percibe una amenaza —una prueba en dos horas, una auditoría o, en tiempos prehistóricos, un depredador— libera adrenalina y cortisol. El corazón se acelera, los sentidos se agudizan y los músculos se preparan para reaccionar. Ese estrés breve y manejable mejora el enfoque, la concentración y el rendimiento: es el empujón que permite afrontar un examen o una presentación con éxito.
El problema, explicaron, es que la vida moderna multiplicó los estímulos estresantes —desde el ruido de la ciudad hasta un correo inesperado— y el cuerpo no distingue entre un peligro real y una preocupación mental: reacciona igual ante ambos.
Cuando el modo alerta no se apaga
Vivir en estrés crónico convierte los beneficios del cortisol en enemigos: palpitaciones constantes, hipertensión, mayor riesgo de infarto, resistencia a la insulina y diabetes, insomnio, problemas gastrointestinales, debilitamiento del sistema inmune, pérdida de memoria y mayor propensión a la ansiedad, la depresión y las adicciones. Incluso modifica la expresión genética y un evento traumático en la infancia puede aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares en la adultez.
Ansiedad no es lo mismo que estrés
Una distinción clave: la ansiedad es una preocupación constante sin causa específica, mientras que el estrés responde a un estresor concreto y desaparece cuando este se resuelve. Un ejemplo: temer que aparezca un perro cada vez que se sale a la calle es ansiedad; reaccionar al ver uno cerca es estrés.
La OMS incluyó el estrés como fenómeno ocupacional en su clasificación internacional de enfermedades en mayo de 2019, lo que dio pie al reconocimiento del síndrome de burnout, que no solo ocurre en el ámbito laboral, sino también el parental, académico, de cuidador y de pareja.
¿Y qué hacer?
Las recomendaciones para concluir la respuesta de estrés incluyen: detectar los síntomas a tiempo; aprovechar el estrés cuando sirva; cortar la reacción con ejercicio intenso breve —»correr como si el diablo te persiguiera»— o meditación; cultivar hobbies; agradecer a diario; organizar la agenda; aprender a decir «no», y acudir a terapia psicológica.
Dato curioso: el estrés interfiere temporalmente con la atención y la memoria, por lo que no es raro entrar a un cuarto y olvidar a qué íbamos, o buscar los lentes… que llevamos puestos.