El cierre de editoriales y librerías emblemáticas —Ediciones Era, el foro cultural El Monar, la Librería Madero, varios locales del primer cuadro de la ciudad— abrió un debate incómodo en El Gallo: no es que se lea menos; es que se lee distinto, y quien no se adapte al mercado digital está «condenado a desaparecer», como tituló el profesor José Manuel Miranda «Josema» su cápsula semanal.
El diagnóstico: el lector migró de las vitrinas a la nube
El análisis —apoyado en El mundo de ayer de Stefan Zweig y El obsceno pájaro de la noche de José Donoso— sostiene que el ecosistema cultural que no se reinventa «se apaga en salas cada vez más vacías». La nueva generación no va a la biblioteca física ni a la ópera: consume en plataformas de streaming, paga suscripciones a nubes con miles de títulos, escucha podcasts y lee en formatos fragmentados e inmediatos.
Enfrente, las librerías tradicionales, «ancladas en el 85»: sin terminal para cobrar, sin código QR, sin tienda en línea, compiten contra lo que Josema llamó los «marchantes digitales».
La revelación: libros de 700 pesos a 200 en TikTok Shop
La conductora Ale de los Ríos confesó en vivo su propia conversión: compra libros físicos por TikTok Shop, donde títulos de 600-700 pesos los encuentra en ~200 con envío a domicilio. Describió los lives de venta: «esas ferias de ‘póngale uno, póngale dos y llévese tres copijas'», donde los vendedores leen los comentarios de una comunidad lectora —»ya lo leí», «¿hay de pasta dura?», «¿tiene la continuación?»— invisible para quien no está en el celular.
El argumento de la «mamá luchona» resume el fenómeno: «¿A qué hora voy a ir a la librería? ¿A qué hora me estaciono, y que no tire el niño el libro que le voy a cobrar?». La inmediatez y la comodidad ganan — aunque admitió que la experiencia física sigue teniendo su magia: el olor del libro, el tiempo, la compañía, como en su visita con su esposo a una librería en Villas de la Asunción, turnándose al bebé para leer.
¿Cómo sobrevivir? De ferias en plazas a «libros humanos»
Entre las alternativas que pueden salvar a las librerías independientes: llevar los libros a mesas en plazas y pasillos comerciales, abrir la puerta a cuentacuentos, organizar clubes de lectura y ferias afuera de la tienda, e incluso los «libros humanos» —personas con las que te sientas y te platican un libro—.
La apuesta de la UAA
El programa destacó las Librotecas, impulsadas por el Departamento de Letras de la Universidad Autónoma de Aguascalientes con apoyo del Centro de la Cultura y las Artes, y la dinámica de los martes de recomendaciones literarias que la propia comunidad universitaria comparte en redes: esta semana, la licenciatura de Actuación recomendó Lentejuelas de Gary Jennings, novela sobre los espectáculos itinerantes y el circo del siglo XIX.
«Hay que leer, no importa si es en físico o en digital. Pero lean mucho», cerró Josema. La sentencia quedó dicho: el futuro es hoy, y hay que innovar para darle al usuario una experiencia diferente —o la estantería quedará vacía.