La corrupción no solo es soborno, es un entramado de prácticas que normalizan el abuso del poder, dañan la confianza y capturan presupuestos para intereses particulares. Y su precio lo pagamos todos.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental del INEGI 2025, analizada en la mesa de Más Allá de la Noticia, 8 de cada 10 mexicanos considera que la corrupción es frecuente o muy frecuente. Solo 1 de cada 50 cree que nunca ocurre. El fenómeno se mantiene por encima del 80% desde hace más de una década, con un pico de 91% en 2017.
El 15.6% de la población reportó haber experimentado directamente un acto de corrupción en trámites, pagos o servicios públicos.
¿Quiénes son los más corruptos y en quién más confiamos?
En 28 de los 32 estados, la policía es la institución percibida como la más corrupta. En los 4 restantes son los partidos políticos, pero la policía siempre queda en segundo lugar.
El ranking de mayor percepción lo completan el Ministerio Público, las fiscalías, gobiernos estatales, Congreso y gobiernos municipales.
En contraste, donde menos corrupción se percibe es en la familia, los vecinos, compañeros de trabajo, las escuelas públicas de nivel básico, universidades públicas y hospitales públicos.
A nivel internacional, México ocupa el lugar 140 de 180 países en el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional, con 26 puntos de 100.
¿Qué es y qué no es corrupción?
El doctor en Sociología por la Universidad de York, Genaro Salpa, precisó la definición de Transparencia Internacional: abuso de un poder encomendado para beneficio propio, no solo público, también privado.
Aclaró que no todo delito es corrupción. Poner un diablito para robarse la luz es un delito; pagarle al inspector de CFE para que se haga de la vista gorda, eso sí es corrupción.
¿Cuánto nos cuesta?
Medir el costo exacto es complejo porque ocurre en la oscuridad, coincidieron la consultora anticorrupción para América Latina, Itzel Cruz Cisneros, y el economista Edgar Dávila.
El FMI estima que el 2% del PIB mundial se va en corrupción. En México, el INEGI solo mide la corrupción cotidiana en hogares, no los grandes desvíos ni contratos.
La ENCIG calcula 3,850 pesos por persona afectada, pero es una cifra conservadora con precios de 2018. Actualizada a 2025, la cifra real asciende a 25,800 millones de pesos en total, más de 5,600 pesos por persona afectada, solo en trámites y servicios.
Y el ciudadano a veces lo normaliza porque, como señalaron los especialistas, «sale más barato pagar la mordida que pagar la multa».
El mayor costo: la impunidad. Menos del 1% de los actos de corrupción se castigan y se recupera una mínima parte de lo desviado.
El trámite donde más se percibe corrupción es abrir una empresa: 23.5% reportó actos de corrupción, aunque bajó desde 27.5% en 2023. Le siguen trámites en Registro Civil, pago de luz y trámites fiscales.
Aguascalientes, en el top 3 con menor percepción
A pesar del panorama nacional, Aguascalientes está en el top 3 de estados donde menos se percibe la corrupción, junto a Querétaro y Yucatán. En el otro extremo están Michoacán, Baja California, CDMX, Sinaloa y Oaxaca.
En el estado, la percepción de que la corrupción es muy frecuente es de 84.9% en partidos políticos y 84.3% en policías, prácticamente sin variación en los últimos años.
Los especialistas coincidieron en que falta fortalecer las instituciones anticorrupción y entender que la participación ciudadana va más allá de votar: es saber dónde denunciar y tener la certeza de que habrá castigo.