El empresario taurino David Clemente relató cómo fue el primero en traer a México al matador español Julián López «El Juli», a quien conoció cuando aún era un niño en la escuela taurina de El Batán, en Madrid, y en quien vio desde entonces «una figura muy importante del toreo».
En una conversación grabada en un puerto de España, Clemente recordó el momento en que le preguntaron si realmente creía en el niño torero: «Le dije: claro que creo, y va a ser una figura muy importante en el toreo. ¿Y cómo se atreve usted a decir eso? Porque veo que desde niño… yo lo conocí en la escuela del Batán», relató.
De no saber que existía México… a firmar para las plazas mexicanas
Clemente narró que en aquellos años El Juli no tenía apoderado, y que era Pablo Mayoral quien lo ayudaba, además de su padre, Julián. Una anécdota revela lo desconocido que era para la familia el mundo taurino mexicano: «Hablé con Julián el padre, y me dice que no sabía realmente ni que existía México taurinamente, es la verdad. Entonces le dije: ¿y eso que en México se dan toros allá? Sí, algo. ¿Por qué no investiga entre sus amistades qué es México taurinamente?», contó el empresario.
La cena en el Reina Victoria
El acercamiento se concretó días después, cuando Clemente se hospedaba en el hotel Reina Victoria: «A los dos o tres días se presentó conmigo: ‘David, ¿me puedo sentar con él?’ Sí, claro, venga, le invito a desayunar y almorzar. ‘No, pues bueno, venga, vamos’. ‘A ver, dígame’. ‘Oiga, pues sí tengo interés, ya investigué, y ya investigué las plazas que usted manda'», narró.
Así nació la relación que llevaría a El Juli a las plazas de México, en una historia que David Clemente atesora como parte de su legado como empresario taurino.