Embarazo visible, ciclo menstrual invisible
Las conductoras abordaron la irritabilidad inexplicable, la tristeza, la sensibilidad y el agotamiento que provocan los cambios hormonales, así como la falta de información en etapas como la premenopausia. Señalaron una diferencia clave: el embarazo es visible y comprendido por todos, mientras que las fases del ciclo menstrual «no se ven» y cuestan trabajo explicar incluso a otras mujeres.
Goretti destacó la deuda histórica de la medicina con la salud femenina: durante años la investigación se centró en cuerpos masculinos y en la estética (corsés, zapatos, métodos anticonceptivos incómodos o antihigiénicos).
Testimonios sin filtro
- Paola: contó que su primera vez con un tampón fue en un viaje a la playa, pidiendo a sus amigas que le explicaran cómo usarlo antes de entrar al baño. Se platicaron los mitos —como el miedo a que se rompa el hilito— y la advertencia de que no es de uso diario y debe usarse bajo vigilancia ginecológica.
- Denise: relató que en secundaria se manchó la falda durante su periodo; como su mamá no pudo llevarle ropa, pasó toda la jornada escolar con un suéter atado a la cintura.
«Las mujeres somos cíclicas: es magia»
La invitada especial fue la doctora Aurelia Flores, anestesióloga, consultora certificada en lactancia materna y catedrática de la UAA (contacto: 449-904-9367). Sus principales mensajes:
- Las hormonas gobiernan todo: si algo se desregula (tiroides, función ovárica), se altera el cuerpo completo, física y emocionalmente; llamó a la cultura de prevención y los chequeos hormonales.
- Conocer el ciclo es poder: aprovechar los picos de energía y concentración (para negociaciones o productividad) y bajar el ritmo cuando el cuerpo lo pide.
- Cambio de paradigma: de pelearnos con el cuerpo y ver la regla como «maldición» a entenderla como una oportunidad de reinicio mensual.
- Cólicos sin minimizar: los cólicos incapacitantes (como los de endometriosis) requieren atención real, hasta analgesia intravenosa.
- Ciclos irregulares: criticó que lo habitual sea recetar anticonceptivos que «tapan el hoyo con arena» sin atender la función ovárica real.
La reflexión final
«¿Y si en lugar de exigirle a nuestro cuerpo que se sienta igual todos los días, entendemos los picos y somos más nobles con nosotras?» — ser empáticas con una misma, porque nuestra mejor compañera somos nosotras.